Fondo de Emergencia para la Respuesta a Desastres
La sesión tuvo como objetivo principal presentar las reformas e innovaciones implementadas en el Fondo de Emergencia para la Respuesta a Desastres (IFRC-DREF). Estas modificaciones buscan optimizar el acceso a recursos económicos de manera ágil y oportuna en las fases previas y consecutivas a la ocurrencia de un desastre, potenciando el pilar anticipatorio y la respuesta humanitaria inmediata de las Sociedades Nacionales.
La primera de las modalidades explicadas en este espacio es el IFRC-DREF Inminente, un mecanismo del pilar anticipatorio diseñado para crisis de evolución rápida que cuentan con pronósticos de alta confianza. Este fondo permite a las Sociedades Nacionales solicitar hasta 75,000 CHF en un periodo que va desde un mes hasta tres días antes del evento previsto, con un tiempo de respuesta del Secretariado de máximo 24 horas para definir la asignación. Las operaciones bajo este esquema tienen una duración máxima de 45 días y se rigen bajo un enfoque de “sin arrepentimientos” (non-regrets approach), lo que significa que si el impacto del desastre finalmente no se materializa, la Sociedad Nacional no está obligada a reembolsar el dinero utilizado en las acciones de preparación.
La utilidad práctica del IFRC-DREF Inminente quedó demostrada en la sesión con la experiencia expuesta por la Cruz Roja de Jamaica durante la amenaza del huracán Melissa. Al tratarse de un ciclón de categoría 5 sin precedentes en la isla, la Sociedad Nacional recibió la aprobación de los fondos en un lapso menor a 36 horas y tres días antes del impacto previsto gracias al monitoreo temprano junto a las oficinas regionales y de clúster. Esta anticipación les permitió movilizar personas voluntarias y preposicionar de manera directa artículos no alimentarios en zonas con vulnerabilidades estructurales previas. De este modo, distribuyeron lonas, linternas y kits de limpieza antes de que el fenómeno tocara tierra, permitiendo una acción rápida que redujo significativamente el sufrimiento de las comunidades. Como lección principal, la Sociedad Nacional enfatizó la importancia de familiarizarse con la herramienta en tiempos de calma y estructurar borradores de solicitudes basados en datos demográficos y mapas de vulnerabilidad históricos, evitando perder tiempo valioso en plena emergencia.
La segunda herramienta abordada en la sesión es el Pago Anticipado de Emergencia (Emergency Advance Payment), el cual se activa inmediatamente después de ocurrir un desastre repentino como un proceso paralelo a la formulación del IFRC-DREF regular. Su gran ventaja radica en que se gestiona de forma directa con la delegación local de la IFRC sin requerir la aprobación de los equipos globales, logrando la transferencia de fondos en menos de 24 horas. Los montos están estandarizados según la gravedad del evento, asignando 30,000 CHF para crisis de categoría amarilla y 100,000 CHF para categorías naranja o roja. Esta modalidad compromete institucionalmente a la Sociedad Nacional a lanzar un IFRC-DREF o un Llamamiento de Emergencia posterior; de lo contrario, el adelanto sí debe ser devuelto.
La Cruz Roja Venezolana aportó valiosas lecciones sobre el uso estratégico del Pago Anticipado de Emergencia, durante una reciente emergencia hídrica por sequía extrema, la agilidad del Fondo permitió movilizar e instalar plantas potabilizadoras en el terreno en menos de 72 horas. Esta capacidad de respuesta oportuna no solo mitiga una crisis crítica, sino que dota a la Sociedad Nacional de un fuerte liderazgo y propiedad al coordinar acciones con las comunidades y las autoridades locales, respaldando su discurso institucional con recursos financieros reales y disponibles en el acto.
Además, la Sociedad Nacional recomendó no activar esta herramienta de forma automática sino estratégica, y destacó la necesidad de contar con un mapeo de proveedores previamente establecido que cumpla con los estándares administrativos de la IFRC para poder facturar y ejecutar el gasto de forma inmediata.
Por último, se expuso la Vía Rápida de Aprobación (Fast-Track 25%), que actúa por defecto en operaciones de respuesta cuando no se ha recurrido a ninguna de las dos opciones anteriores. Bajo este formato, la Secretaría emite una aprobación inicial de elegibilidad y cumplimiento en 24 horas tras recibir la solicitud, liberando de inmediato el 25% del presupuesto total requerido para asegurar liquidez mientras se culmina la revisión técnica del proyecto completo.
La sesión concluyó recordando que todas las aplicaciones formales para los fondos IFRC-DREF deben gestionarse digitalmente a través de la plataforma GO de la IFRC. Asimismo, se destacó el reciente lanzamiento de la nueva Guía del IFRC-DREF, un documento clave con el fin de profundizar en el dominio de estas herramientas de financiamiento temprano.
Cooperación entre países para responder
La gestión integral del riesgo de desastres en las regiones del Caribe, Centroamérica y la zona Andina comparte una premisa fundamental e ineludible: ningún país posee la capacidad financiera, logística u operativa para enfrentar grandes catástrofes de manera aislada. Es bajo esta realidad que la Agencia Caribeña para el Manejo de Emergencias por Desastres (CDEMA), el Centro de Coordinación para la Prevención de los Desastres en América Central y República Dominicana (CEPREDENAC) y el Comité Andino para la Prevención y Atención de Desastres (CAPRADE) coinciden plenamente en que la efectividad de la ayuda internacional no puede improvisarse durante la emergencia; por el contrario, depende estrictamente de acuerdos vinculantes firmados previamente y de una confianza institucional construida antes de la crisis.
Asimismo, existe un consenso absoluto sobre la necesidad urgente de transitar de un modelo de respuesta puramente reactivo hacia la reducción del riesgo en el territorio y la implementación de acciones anticipatorias basadas en alertas tempranas. Este cambio de paradigma no solo busca salvar vidas, sino también mitigar el impacto económico que sufren las naciones. Adicionalmente, las tres regiones identifican la importancia del intercambio de datos en tiempo real y la heterogeneidad de las capacidades técnicas nacionales como desafíos críticos que exigen una capacitación continua.
A pesar de estos objetivos comunes, las particularidades geográficas e históricas de cada organismo definen enfoques y herramientas operativas individuales:
La estrategia de CDEMA está profundamente condicionada por su geografía insular y la alta fragmentación de sus 20 Estados miembros (en su mayoría SIDS). Ante la estricta dependencia del transporte marítimo y aéreo, su pilar es el Mecanismo Regional de Respuesta, un sistema descentralizado basado en cuatro puntos focales subregionales (como Barbados y Trinidad y Tobago). Sus experiencias recientes con los huracanes Beryl y Melissa (2024-2025) validaron un modelo de activación progresiva que respeta el liderazgo del Estado afectado e introdujeron, por primera vez, mesas técnicas especializadas en logística, albergues e intercambio de datos. Destaca además por su enfoque en la inclusión social, capacitando a comités locales en lengua de señas (como en Jamaica) para proteger a poblaciones vulnerables.
CEPREDENAC del Sistema de Integración Centroamericana (SICA), se enfoca en el acompañamiento político y estratégico guiado por la Política Centroamericana de Gestión Integral de Riesgo (PCGIR). Su herramienta distintiva es el Mecanismo Regional de Asistencia Humanitaria (MECREG), un mandato presidencial que simplifica y unifica los trámites aduaneros, migratorios y de cuarentena para agilizar el tránsito de ayuda. A nivel operativo, fomenta diálogos multisectoriales inéditos —como los encuentros entre los ministerios de finanzas y las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja— y valida sus capacidades mediante simulacros regionales específicos, como el reciente ejercicio del centro de gestión de agua y saneamiento (Wash Hub) en el que participaron de forma coordinada Honduras, El Salvador y Guatemala junto con la Cruz Roja de dichos países. Este ejercicio demostró cómo se pueden movilizar capacidades especializadas transfronterizas y elevar los estándares de respuesta frente a escenarios de impacto regional.
El CAPRADE nació explícitamente como una respuesta institucional tras los devastadores daños económicos del fenómeno de El Niño (1997-1998), que costó más de 7.500 millones de dólares a la región. A diferencia de un órgano ejecutor independiente, actúa como un mecanismo técnico-político de integración que articula a las secretarías nacionales bajo la Estrategia Andina para la Gestión del Riesgo. Su principal instrumento es la Guía para la Coordinación de Asistencia Humanitaria mutua, y se ha consolidado como una plataforma práctica capaz de responder a crisis ambientales complejas y diversas. Un ejemplo concreto de esta operatividad fue la respuesta coordinada ante el derrame de petróleo originado en Ecuador, cuyas corrientes amenazaban con afectar el territorio y las aguas de los países vecinos; la plataforma de CAPRADE sirvió para activar los protocolos de contingencia mutua, demostrando que la confianza construida previamente es vital para contener desastres ambientales transfronterizos.
Movilidad humana y respuesta regional
Esta sesión resaltó que el desplazamiento asociado a desastres dejó de ser un fenómeno excepcional en la región. En 2024, las Américas registraron más de 13 millones de desplazamientos, la gran mayoría vinculados al paso de huracanes como Helene y Milton. En la última década, la tendencia muestra un aumento sostenido del 13%, y los episodios de desplazamiento repetido y prolongado —donde las mismas comunidades en condición de alta vulnerabilidad se ven forzadas a moverse más de una vez al año— se han convertido en un patrón preocupante. A este escenario se suman factores que agravan la exposición: la informalidad urbana, el tránsito de población migrante, las barreras idiomáticas, la desinformación y la coincidencia, en algunos territorios, entre el impacto de desastres y situaciones de violencia.
En materia de políticas públicas, la región ha avanzado de forma significativa. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la Corte Interamericana han emitido resoluciones que orientan a los países en la protección de derechos en contextos de desplazamiento. Países como Guatemala, Costa Rica, Chile, México y Perú han integrado la movilidad humana en sus compromisos climáticos y planes de adaptación. Colombia, por su parte, aprobó una ley —pendiente de firma presidencial— que reconoce el desplazamiento interno por factores ambientales, climáticos y desastres, y que contempla la creación de un registro específico. En Panamá, un protocolo de reubicaciones planificadas se encuentra en consulta pública. La Cruz Roja Costarricense, desde la operación, ha desarrollado iniciativas de acción anticipatoria para inundaciones con enfoque en medios de vida, y promueve la gestión comunitaria de albergues a través del programa “Comunidades Alertas”.
Sin embargo, la brecha entre política y realidad persiste. Los sistemas de registro siguen siendo insuficientes: la mayoría de los conteos captura únicamente a personas en albergues oficiales, dejando invisible a quienes se refugian con familiares o vecinas y vecinos. Los planes de contingencia rara vez incorporan escenarios específicos de desplazamiento. Y las necesidades diferenciadas de mujeres, niñas y niños, personas adultas mayores, personas con discapacidad y comunidades indígenas no siempre se traducen en protocolos concretos. La desinformación, señalaron las personas panelistas, también obstaculiza directamente los procesos de evacuación: hay quienes se niegan a evacuar por miedo a perder sus bienes, y personas migrantes que evitan acceder a asistencia por temor a ser deportadas.
Las recomendaciones de la sesión apuntaron en cuatro direcciones: integrar escenarios de desplazamiento en los planes de contingencia y de acción anticipatoria antes del inicio de cada temporada; fortalecer los sistemas de datos para monitorear no solo el número de personas desplazadas sino la duración del desplazamiento y las condiciones para el retorno; avanzar hacia soluciones duraderas para quienes no pueden regresar a sus territorios de origen; y garantizar que toda la normativa existente —abundante en la región— se implemente y evalúe de forma concreta, con indicadores que permitan medir su impacto real en las comunidades.
Inteligencia Artificial y herramientas digitales en preparación: utilidad y ética
La sesión estuvo enfocada en analizar las soluciones prácticas para la preparación realizadas con inteligencia artificial en contextos humanitarios y los desafíos éticos que conlleva la adopción de estas tecnologías. Entre las principales preocupaciones éticas se mencionaron la privacidad y confidencialidad de los datos, el riesgo de sesgos discriminatorios según la procedencia de la información y la importancia de no delegar la toma de decisiones finales en estos modelos. Se remarcó también la necesidad absoluta de mantener siempre a un ser humano en el proceso para revisar cada resultado antes de aplicarlo.
La Cruz Roja Libanesa presentó su experiencia práctica mediante el desarrollo de una aplicación web diseñada para la optimización del flujo de llamadas de emergencia llamado Emergency Call Workflow Pipeline. Este sistema utiliza cuatro modelos de lenguaje grandes (LLM) adaptados para procesar francés, inglés y diferentes variantes de árabe de la región. La herramienta permite transcribir las llamadas de voz de forma íntegra, estructurar la conversación y extraer metadatos analíticos para generar registros de pacientes, condiciones médicas y ubicaciones. La Sociedad Nacional optó por desarrollar un paquete offline local y de código abierto alojado en sus propios servidores lo que reduce la latencia y los costos de API, garantizando que los datos confidenciales permanezcan seguros y cifrados para fines estrictamente humanitarios.
Por su parte, la Cruz Roja Neerlandesa, a través de su iniciativa 510, expuso la evolución de su Herramienta de Evaluación Automatizada de Daños (ADA), cuyos primeros experimentos con drones se remontan a la respuesta al huracán Irma en 2017. Esta tecnología responde a la necesidad crítica de los equipos de primera respuesta de identificar a las personas afectadas y la gravedad de la situación en áreas extensas, donde la evaluación manual tomaría semanas o meses. El proceso de ADA consiste en recopilar imágenes satelitales previas y posteriores al desastre y los modelos de IA detectan las formas de las estructuras sobre plataformas, como OpenStreetMap, para clasificar los daños edilicios en una escala de cero a cuatro.
El sistema opera con una precisión estimada del 80% y ofrece la ventaja de ser altamente escalable al procesar grandes volúmenes de datos en paralelo. La validación de los resultados se realiza mediante la revisión humana de una muestra de las estructuras clasificadas, alimentando al modelo con nueva información que se traducen a mapas estáticos portátiles.
La Cruz Roja Americana aportó una perspectiva orientada a la gestión interna, la diversificación de casos de uso y la complementariedad entre la tecnología y el personal humanitario. Su intervención subrayó que la IA nunca debe reemplazar la compasión, dedicación y relaciones personales que su voluntariado y donantes construyen.
Asimismo, entre sus herramientas predictivas basadas en datos históricos, el equipo de ciencia de datos utiliza modelos de pronóstico geográfico para determinar la disponibilidad de recursos y personas voluntarias ante posibles desastres. A nivel externo, se gestionan chatbots en su sitio web para agilizar el acceso a la información y una de las principales líneas de pensamiento actual de la organización es la Optimización de Motores Generativos (GEO), enfocada en asegurar que sus contenidos institucionales estén optimizados para que las personas usuarias que consultan herramientas de IA durante desastres reciban información precisa sobre qué hacer o a dónde dirigirse.
La sesión concluyó enfatizando que los proyectos tecnológicos son exitosos únicamente cuando se co-diseñan junto a los equipos que comprenden las necesidades del terreno. Con respecto al marco normativo e institucional, se anunció que la IFRC se encuentra muy cerca de lanzar la primera versión de su Estrategia de Inteligencia Artificial, la cual está estrictamente fundamentada en los principios rectores de la organización.
Tecnologías aplicadas para la respuesta
La sesión presentó tres bloques temáticos conectados por una pregunta común: ¿cómo asegurarse de que la información correcta llegue a las personas correctas, en el formato correcto y en el momento oportuno?
Herramienta 1: Módulo de análisis de riesgos — plataforma IFRC Go
El módulo de análisis de riesgos, accesible desde la sección “Prepararse” de IFRC Go, integra datos de fuentes externas confiables para ofrecer a los equipos gestores de desastres pronósticos de impacto antes de que un evento ocurra. La herramienta presenta el tipo de evento, la fecha, la ubicación, el número estimado de personas expuestas — desagregado por grupos de edad cuando la información está disponible — y el valor estimado de edificios y escuelas en riesgo. Para huracanes, visualiza el trayecto histórico, la proyección y el cono de incertidumbre. Su público objetivo son los equipos técnicos de las Sociedades Nacionales, no las comunidades directamente.
Herramienta 2: IFRC Alert Hub — centro de alertas oficiales
El Alert Hub, accesible en ahp.ifrc.org, complementa el módulo anterior con un enfoque distinto: en lugar de proyecciones de impacto, ofrece alertas oficiales provenientes exclusivamente de institutos meteorológicos nacionales y oficinas de gestión de desastres reconocidas por la Organización Meteorológica Mundial. La información incluye instrucciones concretas de acción para las comunidades — qué hacer, dónde ir, dónde obtener más información. Su utilidad principal está en la comunicación hacia las seccionales de las Sociedades Nacionales y hacia las comunidades, como puente entre la fuente oficial y la acción local.
Herramienta 3: Imágenes satelitales — acceso y procesos
La IFRC trabaja para garantizar que las Sociedades Nacionales reciban imágenes satelitales en el momento y formato adecuados durante emergencias. Actualmente el acceso se gestiona mediante solicitud a través de las oficinas de la IFRC, con tiempos de entrega de menos de una hora una vez aprobada la solicitud. De cara al futuro, se trabaja en una colaboración con la Agencia Espacial Europea para sistematizar y ampliar el acceso a escala global, eliminando la necesidad de solicitudes individuales en cada emergencia.
La Plataforma Access
Access es una plataforma de registro y entrega de servicios que invierte el modelo tradicional de respuesta: en lugar de que los equipos salgan a encontrar a las personas beneficiarias, son las propias personas quienes se registran a través de una aplicación móvil, en su idioma y en cualquier momento. Cuenta con una aplicación pública para autoregistro, un módulo de gestión de programas para las Sociedades Nacionales, y una versión para personal y personas voluntarias que permite el registro presencial de quienes no tienen teléfono inteligente. Durante la respuesta al huracán Melissa en Jamaica, la plataforma permitió registrar a más de 4.000 familias en menos de 24 horas mediante autoregistro, alcanzando proporcionalmente a más familias con mayor número de marcadores de vulnerabilidad que el registro presencial.
La Plataforma One
One es una plataforma para la gestión integral de programas de transferencias monetarias, desde el registro hasta el pago. Es configurable en pocos días hábiles, permite pagos con un solo clic y se integra con herramientas de registro y proveedores de servicios financieros locales. Fue desplegada por primera vez en una emergencia de forma remota y en menos de una semana. Su expansión hacia las Américas es una prioridad para 2026.
Salud y WASH en emergencias: respuesta integrada para control de brotes
Los brotes epidemiológicos constituyen amenazas recurrentes y multifactoriales (enfermedades arbovirales, diarreicas e inmunoprevenibles) que presentan desafíos únicos de gestión en la región de las Américas. A diferencia de desastres repentinos como tormentas o terremotos, los brotes son amenazas invisibles y de propagación exponencial que siguen una dinámica biológica y social propia. El desarrollo, la intensidad y la evolución de la curva epidemiológica están determinados por la interacción entre el patógeno, el medio ambiente y el ser humano como huésped. Factores ambientales como el cambio climático y la estacionalidad de lluvias interactúan con vulnerabilidades sociales, la desinformación, la desconfianza y factores como por ejemplo el alarmante descenso de la cobertura de vacunación post-pandemia (situándose por debajo del umbral crítico del 95%). Casos de alto impacto como el hantavirus en cruceros o el ébola en África demuestran la globalidad del riesgo. Las emergencias de salud pública son fenómenos predecibles y cíclicos; estudios confirman el aumento matemático de diarreas tras tormentas tropicales, así como repuntes anuales de dengue en Centroamérica o picos de leptospirosis en Jamaica y República Dominicana. Ante esto, la respuesta eficaz exige un enfoque integrado y multisectorial que combine la medicina preventiva con intervenciones de Agua, Saneamiento e Higiene (WASH).
Las enfermedades Arbovirales (Dengue, Chikungunya, Zika) son transmitidas por mosquitos de hábito diurno con un radio de vuelo corto (50-100 metros) que proliferan en agua estancada limpia. El riesgo clínico crítico es el dengue grave, con especial afectación en la niñez. Las líneas de acción de salud pública priorizan la vigilancia epidemiológica, la comunicación de riesgos, la distribución de repelentes y el fortalecimiento de la atención primaria para identificar signos de peligro. Desde la perspectiva de WASH, se trabaja en el control larvario comunitariamente, reparación de fugas y almacenamiento seguro de agua.
En Surinam, ante un brote generalizado en todos los distritos a inicios de año, se desplegó una operación del IFRC-DREF que inició en marzo y se extenderá hasta agosto. Se ha priorizado la movilización comunitaria mediante el uso de redes sociales, radio y televisión, adaptando los mensajes técnicos a los idiomas locales para combatir la desinformación. Las lecciones clave incluyeron la necesidad de agilizar los procesos logísticos de compras de suministros, asegurar equipos de protección personal para el voluntariado en zonas de alta transmisión y fortalecer los planes de contingencia para el almacenamiento anticipado de insumos de cara a futuras temporadas de lluvias.
Las enfermedades diarreicas son causadas por virus, bacterias y parásitos a través de la vía fecal-oral (agua, alimentos o manos contaminadas). Su principal complicación es la deshidratación severa, letal en menores de cinco años y adultos mayores, particularmente en contextos de desnutrición. La prevención exige el suministro de agua segura, el manejo adecuado de excretas, el lavado de manos y la promoción de soluciones de rehidratación oral (SRO). La vigilancia comunitaria es el eje central para identificar brotes ocultos por la normalización social de la enfermedad.
Como un hito histórico de coordinación, Honduras (país asistente), El Salvador (país de tránsito) y Guatemala (país asistido) realizaron un simulacro regional fronterizo en el que movilizaron equipo especializado y personal técnico. El ejercicio validó con éxito los procedimientos de activación, movilización transfronteriza de personal y equipos especializados de agua y saneamiento, y la integración operativa del Wash Hub dentro del Mecanismo Regional de Respuesta del SICA, involucrando de manera inédita a aduanas, migración y ministerios de relaciones exteriores.
Las enfermedades inmunoprevenibles como el sarampión, representa una de las amenazas más contagiosas debido a su transmisión aérea por microgotas; en comunidades no vacunadas, un solo caso puede desencadenar cadenas de contagio exponenciales (proporción 1 a 20). Al no existir un tratamiento antiviral específico, la única respuesta efectiva es la inmunización. Las acciones se enfocan en identificar la niñez no vacunada, capacitar al personal sanitario, proveer soporte logístico a las cadenas de frío y ejecutar estrategias masivas de comunicación de riesgos en plataformas digitales debido a la alta demanda de contenidos de salud.
Tras décadas sin transmisión autóctona (último caso registrado en 1997, salvo un evento aislado en 2018), Guatemala fue notificado de un caso importado el 2 de enero de 2025. El brote escaló exponencialmente sumando, al 14 de mayo de 2026, un total de 6,209 casos confirmados por laboratorio, 7,752 casos probables por nexo epidemiológico y 12 muertes (9 de ellas en menores de 1 año). El 62% de las personas afectadas se concentró en la población de 15 a 39 años. La Cruz Roja Guatemalteca contuvo la emergencia integrándose activamente en el Clúster de Salud y el Centro de Operaciones de Emergencia (COE) nacional, ganando la confianza del Ministerio de Salud (Minsalud). A través de canales digitales, se llegó a más de dos millones de usuarios con información científica simplificada para combatir la infodemia y la ansiedad colectiva. Entre los principales desafíos operativos figuraron la escasez crítica de vacunas en el mercado nacional, la asincronía en los tiempos administrativos entre el Minsalud y la Sociedad Nacional, y los rigurosos procesos de adquisiciones que ralentizaron las compras urgentes.