Ceremonia de inauguración
La ceremonia inaugural de la XXIII Conferencia dejó un llamado claro: ante riesgos compartidos y transfronterizos, la preparación debe ser compartida y transfronteriza. Los desastres ya no llegan de uno en uno; se superponen a la desigualdad socioeconómica, a las emergencias previas, a la movilidad humana y a la fragilidad institucional, y sus efectos cruzan fronteras sin distinción. En ese contexto, ningún país —ni ninguna organización— puede responder por su cuenta. La coordinación regional no es una aspiración sino una condición operativa, y construirla exige confianza acumulada en tiempos de calma, no improvisada en la emergencia.
Esa coordinación, coincidieron las personas oradoras, debe apoyarse en sistemas concretos: alertas tempranas que lleguen a tiempo y sean comprendidas por quienes las reciben, insumos preposicionados antes de que el desastre ocurra, personas voluntarias entrenadas que ya viven en las comunidades que sirven, y gobiernos que reconocen el rol auxiliar de las Sociedades de la Cruz Roja. Invertir en preparación no es un gasto: cada dólar destinado a reducción de riesgos genera cuatro en beneficios. El problema, señalaron, no es de evidencia sino de prioridad política y de financiamiento predecible.
Finalmente, en la ceremonia inaugural se puso el foco en la necesidad de fortalecer el andamiaje humanitario tanto en el terreno como en el derecho internacional. El rol auxiliar de las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja, los acuerdos regionales de cooperación y las negociaciones en curso en Naciones Unidas para un tratado vinculante sobre protección en desastres apuntan en la misma dirección: que la protección de las comunidades más vulnerables no dependa del azar ni de la generosidad circunstancial, sino de compromisos claros, sistemas sólidos y una arquitectura humanitaria que ponga a las personas siempre en el centro.
Lecciones operacionales de la temporada de huracanes 2025
La sesión abordó el impacto del Huracán Melissa (Categoría 5) en el Caribe, utilizando este evento como un punto de inflexión para analizar la gestión del riesgo de desastres en Cuba, Jamaica y Haití. Los panelistas coincidieron en que el riesgo no depende únicamente de la categoría meteorológica, sino de la combinación de la amenaza con las vulnerabilidades preexistentes. El huracán afectó a más de 8 millones de personas, generando pérdidas económicas masivas (alcanzando hasta un 57% del PIB en Jamaica) y severos daños a la infraestructura de agua, energía y vivienda.
A pesar de la magnitud del desastre, se destacaron importantes avances en preparación y tecnología. Haití logró reducir el tiempo de recolección de datos en el terreno de meses a menos de 48 horas mediante herramientas digitales como KoBo Toolbox y Tableau, resaltando además el éxito de sus simulacros y entrenamientos previos al voluntariado en manejo de refugios. Cuba demostró la efectividad de sus sistemas de alerta temprana y planes de evacuación, logrando proteger a más de un millón de personas en refugios con cero pérdidas humanas, apoyándose en paneles solares para mantener la comunicación ante la crisis energética y utilizando imágenes satelitales (Copernicus) para validar sus mapas de riesgo. Por su parte, Jamaica enfrentó serios desafíos de movilidad, telecomunicaciones y energía en servicios esenciales, enfatizando la necesidad de establecer acuerdos marco de gestión de riesgos, garantizar el suministro eléctrico institucional y coordinar centralizadamente a las más de 200 organizaciones internacionales que arribaron al país para evitar la duplicación de esfuerzos.
Como conclusión, se resaltó que el éxito de la respuesta radica en la acción anticipatoria, el preposicionamiento de recursos físicos y la integración tecnológica para la toma de decisiones, reconociendo a su vez que, ante el colapso de las redes modernas, los planes de contingencia deben contemplar el retorno estratégico a medios analógicos y tradicionales.
Panorama de la temporada de huracanes 2026: Amenazas, tendencias e implicaciones para la respuesta
La sesión abordó el intercambio de información meteorológica, metodológica y operativa para estructurar las acciones de preparación ante la próxima temporada ciclónica. Se presentaron los mecanismos de la Unión Europea que operan bajo esquemas de activación formal y reactiva a petición del Estado afectado, apoyados por el Centro de Coordinación de la Respuesta a Emergencias (ERCC). A estas herramientas se suman el Sistema GDACS, que emite alertas automáticas y evalúa si las capacidades locales serán sobrepasadas; el Consorcio ARISTOTLE para asesoramiento científico rápido; y el sistema Copernicus para mapeo satelital de daños en 24 horas. Además, resaltaron la colaboración con la IFRC a través del fondo DREF durante crisis complejas como la doble activación en Jamaica y Cuba tras el huracán Melissa.
La temporada de 2025 dejó lecciones técnicas debido a fenómenos de intensificación rápida. Aunque el océano Atlántico registró 13 tormentas y 5 huracanes lo que refleja cifras menores a lo normal, aunque la energía acumulada fue muy alta, registrando la mayor cantidad de huracanes categoría 5 desde 2005, con un saldo de 125 muertes directas y millonarios daños. El evento más destructivo fue el Huracán Melissa de categoría 5, que impactó a Jamaica y Haití con vientos récord de 160 nudos al tocar tierra. Frente a esto, el Centro Nacional de Huracanes (NHC) demostró gran precisión al predecir su impacto con 4 días de anticipación y un margen de error de solo 11 millas náuticas, además de alertar con casi 3 días de antelación que llegaría con su máxima intensidad.
Para la temporada 2026, la NOAA implementará cambios operativos y experimentales. El cono de incertidumbre incluirá alertas para zonas interiores de Estados Unidos y un sombreado único de 1 a 5 días. De forma experimental, debutará un cono basado en elipses que incorporará errores longitudinales y transversales para evaluar desviaciones de tiempo y posición, el cual también cubrirá zonas interiores del Caribe por fases, iniciando con pequeñas islas. Adicionalmente, la Perspectiva Gráfica del Clima Tropical sumará una “X gris” para sistemas con 0% de probabilidad de desarrollo pero con amenaza de lluvias, mientras se mantiene la vigencia de las alertas y advertencias tradicionales de marejada y viento.
Por otra parte, la perspectiva climática para 2026 destaca tres áreas de interés. Se confirma un calentamiento constante en el Pacífico ecuatorial y oriental que se extiende hasta 300 metros de profundidad, mientras que el Atlántico se mantiene cercano a lo normal. Este calentamiento, cuyos índices iniciaron hace meses, es la condición precursora de El Niño, fenómeno que continuará desarrollándose todo el año y se extenderá hasta 2027. Actualmente existe un 30% de probabilidad de que sea un evento fuerte y un 30% de que sea moderado, según los análisis estadísticos realizados desde 1854.
Este panorama provocará un marcado déficit de lluvias y altas temperaturas entre junio y octubre en el norte del Caribe, México y Centroamérica, afectando directamente la agricultura, la ganadería y los recursos hídricos. Aunque El Niño propicia más huracanes en el Pacífico y condiciones normales en el Atlántico, los expertos recuerdan que basta un solo huracán para causar un impacto catastrófico. Las previsiones de temperatura del mar indican que el
calentamiento se consolidará en el Caribe y Centroamérica para agosto, septiembre y octubre, coincidiendo con los pronósticos de sequía de los servicios meteorológicos locales.
Ante este escenario, la OMM solicita evitar estrictamente y no reconoce el uso del término “Súper Niño” en los medios para no generar desinformación ni alarmismo que distraiga a las autoridades, instando a usar únicamente los pronósticos oficiales de la OMM y del Centro Nacional del Clima. Además, enfatiza que los gobiernos y las comunidades de respuesta ya poseen las herramientas necesarias para poner en marcha y activar sus planes de preparación de manera oportuna. Esta acción es urgente y prioritaria para mitigar los impactos previstos en sectores clave, garantizando así que las autoridades no se distraigan con el alarmismo de los medios de comunicación y se enfoquen en la toma de decisiones basada en fuentes oficiales.
En conclusión, el mayor desafío para el uso oportuno de la información radica en mantener la agilidad en el intercambio de datos entre los centros meteorológicos y los tomadores de decisiones, ya que los avances científicos y tecnológicos pierden efectividad si no existen canales fluidos que traduzcan la ciencia en acciones comunitarias antes del impacto.
Capacidades de preparación en América Latina y el Caribe
Esta sesión buscó responder una pregunta clave: ¿Cómo se convierte la información en acciones y decisiones concretas que protejan a las comunidades y sus medios de vida antes de que llegue un desastre?
La conversación enfatizó que los sistemas de alerta temprana, por sí solos, no salvan vidas, requieren que las instituciones sepan con claridad quién decide, quién comunica y qué acciones se activan en cada momento. Países como República Dominicana ya avanzan en esa dirección con equipos de acción anticipatoria que coordinan a los actores presentes en el territorio.
En Honduras, la información meteorológica se traduce en mapas de amenaza hidrometeorológica que llegan directamente a las alcaldías, que participan en redes municipales integradas por las propias comunidades, que son quienes mejores conocen sus capacidades y las vulnerabilidades a las que están expuestas.
Iniciativas como estas deben desarrollarse poniendo a las comunidades en el centro y llegar hasta “la última milla”. En todos los casos, debe evitarse la imposición de enfoques verticales, unidireccionales y que deleguen en la población la tarea de salvar vidas.
Durante la sesión, la capacitación comunitaria y el acceso equitativo a la información emergieron como condiciones indispensables para tomar mejores decisiones. Iniciativas como Early Warning for All —que se está integrando en los planes nacionales de alerta temprana— han evidenciado que las personas actúan cuando comprenden el riesgo, saben qué significa la alerta y han practicado previamente cómo responder. Esto implica desarrollar brigadas comunitarias a escala municipal, adaptar los mensajes para personas con discapacidad o que no hablan el idioma predominante, y conectar los sistemas comunitarios de información con las esferas nacionales. Como ejemplo, se mencionaron pilotos con comunidades indígenas en la Amazonía para garantizar acceso oportuno a información que les permita tomar acción.
En el plano regional, la coordinación fue descrita como un pilar que debe volverse más sistémico y proactivo. Los mecanismos de coordinación existentes han demostrado su valor para generar una comprensión común del riesgo y visibilizar las capacidades disponibles, pero aún se requiere que la información de alerta temprana se traduzca más rápidamente en toma de decisiones.
Finalmente, la sesión cerró con un llamado a repensar la medida del éxito. El desempeño de un sistema de alerta temprana no se mide por la cantidad de boletines emitidos, sino por cuántas personas lograron movilizarse a tiempo, cuántas vidas se protegieron y cuántas pérdidas se evitaron. Ese estándar, acordaron, debe guiar tanto el diseño técnico de los sistemas como las decisiones de inversión que los respaldan.
Amenazas recurrentes en América Latina y el Caribe
La sesión tuvo como objetivo principal ampliar el debate humanitario más allá de la temporada tradicional de huracanes. América Latina enfrenta actualmente un panorama complejo de amenazas superpuestas. Los riesgos climáticos interactúan directamente con sismos, erupciones volcánicas, epidemias, contextos de violencia y desplazamientos forzados. Estas crisis acumulativas desafían de forma severa las capacidades tradicionales de preparación y respuesta en toda la región.
La Organización Meteorológica Mundial presentó el informe del Estado del Clima 2025 registra una tendencia de calentamiento global persistente. La actividad de huracanes se reporta por encima de los niveles normales tanto en el océano Atlántico como en el Pacífico. Los incendios forestales muestran una mayor frecuencia y generan daños devastadores a largo plazo en el ciclo hidrológico regional. Actualmente, el fenómeno de El Niño presenta anomalías térmicas extremas de 4 a 5 grados en el Pacífico central y oriental. Los modelos climáticos proyectan déficits severos de lluvias en Centroamérica, el Caribe, el sur de México y el norte de Sudamérica. Asimismo, las costas de Perú, Colombia y Centroamérica registrarán temperaturas muy elevadas. La información científica disponible es suficiente para activar de inmediato los planes de preparación nacionales.
Por su parte, la Cruz Roja Mexicana expuso el concepto de calor extremo, que engloba las olas de calor y las islas de calor urbano, así como los incendios forestales que generan impactos severos y directos a nivel comunitario. En México, los incendios forestales de 2025 se concentraron principalmente en zonas de alta densidad poblacional como la Ciudad de México y el Estado de México. Por su parte, el Proyecto de Resiliencia Climática registró un récord extremo de calor en Mexicali, superando los 57 grados durante el año 2025. El calor extremo degrada la salud de la población, la infraestructura operativa, la economía y los servicios esenciales. Ante esta situación, la institución adaptó su planificación operativa para proteger a sus voluntarios en el terreno. Las medidas implementadas incluyen la dotación de equipo especial, el suministro de hidratación constante y la modificación de los horarios de trabajo. Resulta indispensable incorporar datos climáticos actualizados para fortalecer de manera efectiva la acción climática anticipada.
La Federación Luterana Mundial expuso sobre las crisis humanitarias actuales que ocurren en contextos turbulentos e inestables. Los efectos del clima multiplican los riesgos preexistentes de violencia, conflicto armado y migración forzada. En Sudamérica, más de 10 millones de personas están expuestas directamente a riesgos climáticos. La Amazonía registra actualmente un preocupante 20% de deforestación acumulada. En Centroamérica, el Corredor Seco presenta a 10 millones de personas afectadas por una severa inseguridad alimentaria. Las problemáticas estructurales previas potencian los impactos destructivos en la salud mental, la educación y los medios de vida. Fenómenos como la extorsión económica, el reclutamiento forzado y el confinamiento juvenil destruyen el tejido social. En el caso de Haití, la mitad de las instituciones de salud se ubican en zonas controladas por pandillas armadas. La respuesta humanitaria requiere de un apoyo psicosocial obligatorio previo a las capacitaciones técnicas, además de priorizar la localización y un financiamiento flexible multianual.
Por último, la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos de Ecuador comentó que ya se declaró la alerta amarilla por el fenómeno de El Niño el 18 de mayo en las provincias ubicadas bajo los 1,500 metros. El país registra un historial de 31,500 eventos adversos por lluvias y 680 muertes en los últimos 16 años. El año 2024 reportó más de 34,000 hectáreas quemadas por incendios forestales y 584,000 personas afectadas por sequías. La gestión de riesgos se incorporó de forma oficial como un eje de desarrollo nacional mediante una política pública estructurada con una visión a 15 años. La planificación territorial fortalece a los municipios a través de modelos de gestión local y la consolidación de comités comunitarios. Los Sistemas de Alerta Temprana tradicionales para tsunamis y volcanes se rediseñaron por completo hacia un enfoque multi-amenaza. La respuesta institucional ante emergencias se coordina por mandato de ley a través de los Comités de Operaciones de Emergencia (COE).
Sociedades Nacionales, más y mejor preparadas para la respuesta
La sesión buscó responder a la compleja pregunta ¿qué significa estar bien preparados como Cruz Roja? La intervención reunió experiencias de líderes de las Sociedades Nacionales (SN) de Barbados, Honduras y del Centro de Referencia en Preparación de Desastres (CREPD).
Las personas participantes coincidieron en que una Sociedad Nacional preparada debe ser resiliente, eficiente, innovadora y enfocada en acciones anticipatorias. Bajo esta premisa, el Clúster del Caribe y CADRIM apoyan a 13 SN insulares mediante el desarrollo de capacidades y el networking. En esta región, la preparación permite hacer visible lo invisible al documentar procesos, identificar brechas y consolidar responsabilidades legales, usando a Dominica como referente en la construcción de resiliencia y abogacía.
La experiencia de la Cruz Roja de Barbados con el Huracán Beryl en 2024 transformó su visión institucional al exigir una respuesta inmediata con los recursos disponibles. Quedó demostrado que la preparación bajo presión es totalmente diferente, evidenciando que el manejo de la ansiedad del personal y la preparación psicosocial son componentes operativos clave. Beryl enseñó que un plan de contingencia solo es útil si las personas y los recursos pueden activarlo. Como bien se destacó en la sesión: “La preparación básica requiere personal, logística, comunicaciones, datos sobre la gestión de voluntarios, presentación de informes, coordinación e infraestructura. Aunque estos elementos no siempre son visibles, son los que hacen posible la respuesta. Sin recursos, la preparación no pasa de ser una mera intención.”
El huracán también dejó claro que la preparación no es un esfuerzo de última hora, sino una inversión constante, bajo la premisa de que “la preparación debe practicarse y mantenerse junto con las personas y los socios, no solo cuando se produce una crisis, sino también cuando una crisis puede ponernos a prueba.” Por ello, las lecciones de Barbados tras este evento exigen continuar con los ciclos del mecanismo PER, priorizar la acción anticipatoria y avanzar en los preparativos legales para el derecho en casos de desastres.
Desde el enfoque conceptual del CREP y la Estrategia 2030 de la IFRC, la preparación dejó de ser una lista de chequeo; hoy se define como la capacitación institucional integrada para operar en crisis complejas, abarcando más de 100 capacidades interdependientes. Como inversión estratégica, se evalúa en seis grandes dimensiones: gobernanza, planificación, capacidad operativa, coordinación, gestión de información y aprendizaje.
Por su parte, la Cruz Roja Hondureña aplica el PER de forma integrada con otras herramientas (OCAC, BOCA, CHS) en su planificación estratégica. Ante riesgos recurrentes por huracanes, sequías y el recuerdo histórico de Mitch, Eta e Iota, el país prioriza la mejora de sus sistemas y talento humano. El PER se fortalece en Honduras a nivel político y estratégico mediante juntas y consejos integrados, lo que ha permitido identificar brechas en logística, voluntariado y diplomacia humanitaria, además de consolidar los sistemas de alerta temprana.
Para guiar este fortalecimiento, la IFRC utiliza el mecanismo PER, un enfoque de mejora continua que evalúa a la organización de forma orgánica en cinco áreas críticas: política y estrategia, análisis y planificación, capacidad operacional, coordinación y soporte a operaciones. En conclusión, la preparación ya no se mide por los recursos almacenados, sino por la agilidad y resiliencia institucional para responder en crisis complejas. Como cierre de las intervenciones, se recordó un principio fundamental: “La preparación no es un destino. Es una capacidad institucional que se construye, se mide y se mejora continuamente.”
De la palabra a la acción: Protección, Género e Inclusión en emergencias
El debate humanitario actual busca ampliarse mucho más allá de la gestión tradicional de emergencias al integrar el enfoque de protección, género e inclusión (PGI). El enfoque de PGI se asemeja a veces a un proceso de negociación, estructurado en torno a tácticas clave. La primera de estas tácticas consiste en reconocer que las personas no representan el problema y que, al contrario, existen numerosos aliados en el terreno. La integración de PGI refuerza la eficacia de las operaciones de emergencia, garantiza la seguridad de las poblaciones y asegura un acceso equitativo a la ayuda, velando por que la asistencia alcance primero y sin barreras a las personas en condiciones más vulnerables, cuyas necesidades difieren según la edad, el género o la discapacidad. Esta iniciativa se inscribe directamente en la Estrategia 2030 y se apoya en un marco político robusto, validado por la IFRC y las Sociedades Nacionales, con el fin de mejorar la calidad operativa y la rendición de cuentas.
Para evaluar la implementación de estos principios, se llevó a cabo un estudio de la IFRC sobre la integración del enfoque PGI en las operaciones del Fondo de Emergencia para la Respuesta a Desastres (IFRC-DREF). Aunque este informe aún no se ha publicado oficialmente, sus conclusiones preliminares revelan brechas importantes. El análisis de 25 operaciones a través de 18 puntos de datos muestra que la integración de PGI es débil o inexistente en el 88% de los casos, y que este enfoque recibió menos del 1.3% de los presupuestos globales del IFRC-DREF en 2024. El informe indica que esta falta de priorización no se debe a una obstrucción deliberada por parte de los equipos, sino más bien a diversos factores, incluyendo un déficit de conocimientos técnicos (know-how). Los datos relativos al sexo y la discapacidad no se recopilan de manera sistemática durante los análisis iniciales de necesidades. Además, la rendición de cuentas tiende a recaer únicamente en los puntos focales de PGI en lugar de ser compartida. Para corregir estas debilidades, se requieren inversiones sistemáticas, en particular para adaptar las plantillas de preparación del IFRC-DREF, fortalecer la identificación de riesgos y consolidar el monitoreo de las operaciones.
Un ejemplo concreto es la aplicación práctica de estas normas dentro de la Cruz Roja Dominicana durante su respuesta al huracán Melissa en 2025. Históricamente, el enfoque PGI se abordaba allí de forma aislada, principalmente a través de talleres de análisis de vulnerabilidad y capacidades. Sin embargo, la magnitud de la urgencia evidenció la necesidad de desarrollar un enfoque estructurado, sostenible y transversal. Bajo el impulso de un liderazgo sensibilizado y gracias al apoyo técnico de la IFRC, la institución lanzó un proceso de fortalecimiento de capacidades internas. Esta iniciativa permitió alinear al personal administrativo y a las unidades técnicas con los estándares de protección, así como institucionalizar los mecanismos de salvaguarda.
Se estableció una hoja de ruta articulada en dos fases para responder tanto a la emergencia inmediata como a las necesidades de fortalecimiento institucional a largo plazo. La primera fase se concentró en acciones de protección a corto plazo vinculadas al IFRC-DREF, incluyendo la creación de materiales de prevención, la difusión de mensajes clave y la capacitación de las personas voluntarias movilizadas en el terreno. También se realizaron sesiones específicas de PGI con niños, niñas y adolescentes en escuelas de las comunidades afectadas para medir sus conocimientos frente a los sistemas de alerta temprana. A más largo plazo, la segunda fase apunta a la institucionalización de la salvaguarda mediante la creación de un comité técnico multisectorial y el desarrollo de una política institucional específica.
Esta primera experiencia transformó directamente la capacidad de respuesta de la Cruz Roja Dominicana durante las recientes inundaciones causadas por las lluvias intensas en el país. La institución cuenta ahora con competencias técnicas internas para multiplicar los conocimientos en PGI, identificar riesgos de violencia o exclusión e integrar sistemáticamente estos criterios en sus procesos de planificación. El desarrollo en curso de la política de salvaguarda institucional busca garantizar espacios seguros para las comunidades y las personas voluntarias, reforzando así la confianza de las comunidades y de los donantes. Esta estrategia reafirma el compromiso de la organización con los principios fundamentales de humanidad, imparcialidad y neutralidad, demostrando que la protección y la inclusión no son opciones secundarias, sino elementos esenciales de la misión humanitaria.